Bertrán e hijos

I

Lo primero que hizo Bertrán al levantarse fue mirar debajo de las tres baldosas del salón que estaban sueltas. Evidentemente, no vio a nadie debajo. “Hay que seguir esperando”, musitó entre dientes. “Hay que seguir esperando.”

A continuación Bertrán se lavó como un gato –las malditas restricciones–, dudó un instante –el maldito desempleo–, y seguidamente se vistió lo más decentemente que supo y pudo, cogió una bolsa de arpillera, y salió a la calle.

Lo primero, el mercado, se dijo. Lo primero, comer. Y más aún ahora que no está de moda, añadió para sí. De modo que Bertrán se saltó los controles de seguridad, se escabulló entre la muchedumbre, y cogió el metro en dirección a Les Halles.

La gènesi de les grifes
Diccionario enciclopédico de palabras dispares

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