Curiosidad. Intelectual, humana, espiritual. Un camino de aprendizaje continuo que empezó hace casi 60 años y que hasta ahora ha conducido a 35 años de desarrollo profesional en comunicación, investigación y docencia. La curiosidad abrió el camino a mi fascinación por las lenguas y por la construcción social y cultural de las sociedades humanas a través de las palabras. Y después me llevó a sumergirme en la traducción literaria y empresarial, la interpretación multicultural y científica, y enseñar con toda la experiencia acumulada a lo largo de mi camino de vida.
Es cierto pero que para que sea fértil, para lograr el camino, la curiosidad debe ir acompañada de autodisciplina, perseverancia y sentido del servicio. Por eso con el tiempo se ha ido sazonando con coaching, formación sistémica y PNL, con un enfoque centrado en el lado esencialmente human0 de la vida.
No cabe duda: todo lo que nos mueve es intrínsecamente humano. Pero para contribuir a la comunicación y al desarrollo humanos es necesario contar con un conjunto específico de habilidades y con una observación perspicaz de todo lo que nos rodea mientras ponemos en práctica nuestros dones profesionales. Y esto sólo se logra con el tiempo, con pasión y con un compromiso inquebrantable.
Además de lo anterior, necesitamos activar también nuestra creatividad interior, aquella que nos hace únicos, distintos, decididos. La creatividad con intención y determinación siempre da sus frutos. Y aunque suele mencionarse de forma bastante protocolaria y algo estandarizada en un currículo, en realidad nunca muestra su verdadero esplendor… Siempre acaba quedando enterrada entre los libros publicados, la investigación realizada, las tareas de interpretación que se desarrollan en un continuo espacio-tiempo restringido…
Bienvenidos a quien soy. La curiosidad quizás mató al gato. Pero a mí me ha dado el empuje de seguir caminando, como puede ver en estas páginas.